No, no era lo mismo, aquél lugar ya no me gustaba. Había cambiado, ahora solo había neveras, lavadoras, colchones y sobre todo ratas. Sí muchas ratas, éstas gracias a las bolsas de desperdicios caseros que, día a día, la gente sin escrúpulos dejaba convirtiendo el lugar en un estercolero.
Me vino a la memoria un comentario de mi viejo amigo:
No hay inocentes ni culpables todos somos culpables e inocentes a la vez ya que está en nuestras manos evitarlo.
Luego, mi recuerdo sería hacia mi compañera y querida Séneca, sí, aunque éste era su nombre en realidad era un perrita, y muy inteligente, , tal vez de esto le venía lo de Séneca; ella seguro que hubiera terminado con aquellos asquerosos y repugnantes roedores, seguro que sí.
Conocí al viejo y a Séneca en este mismo lugar, yo, desde lo alto del puente, ellos, unos metros por debajo, tres, tal vez algo más. Por entonces había una gran diferencia, ya que no había tanta basura, seguramente la presencia de estos imponía un poco de respeto, allí solo crecían hierbas y cardos.
Aquella mañana había salido a dar un paseo y al pasar por encima del puente unos ladridos de un perro llamaron mi atención. Supuse, por la forma de ladrar, que se trataba de un perrito de raza pequeña, no hacía mucho tiempo que en casa habíamos tenido a una perrita de estas características, a esta la llamábamos Chispita, de allí mi curiosidad para asomarme. Aquella riera llevaba años sin cauce de aguas, así que por su sequedad fácil era andar por ella. Recordé que de niño solía venir con los amigos por este lugar, más arriba, tal vez más abajo veníamos a nadar por mayo y junio; por estas fechas el agua aún corría, de ésta también bebíamos. Sí, entre las piedras se formaban diminutas cataratas que transformaban el agua en blanquísima espuma, sabíamos que ésta purificaba el agua, bueno, esto era lo que nos decían los mayores - así que con estos consejos y nuestra sed no había ningún problema, pues… ¡a beber! Luego ésta se iba acumulando en un desnivel del terreno formando una pequeña balsa, allí no teníamos miedo a nadar, había ranas, serpientes pequeñas y alguna que otra rata, éstas tenían los mismos derechos que nosotros.
Aquel lugar para nosotros era una gozada. Sí, había cambiado mucho más desde que mis amigos se fueran: < ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde aquella primera vez que me asomé al fondo? ¿Por qué les cogería tanto aprecio y cariño sin apenas haber llegado a conocerles?
Recuerdo bien aquel día, me asomé y vi a un hombre más bien viejo que jugaba con un pequeño perro, bueno, pequeño por su raza…me recordó a mi chispita, por parte de madre Pequinés y de padre desconocido. Era por la mañana, el sol me daba en la espalda, así que mi silueta de medio cuerpo rompía la línea horizontal de la pared que hacía de barandilla en cada lado del puente. Esta silueta fue la causa de que aquel perrito interrumpiera los juegos con aquel anciano. Levantó la cabeza al verme y empezó a ladrar. Esto bastó para que el hombre también levantara la cabeza y me preguntara: “
¿Le gustan los animales?”
Más que algunas personas, le respondí.
El anciano se llevó las manos detrás de las orejas como querer retener mejor las ondas de mis palabras, luego exclamó:
¿Cómo dice?
El hombre no había captado bien mi respuesta y si la había oído esta podría ser mal interpretada por su parte, así que levanté el tono y le pregunté:
¿Por dónde se puede bajar?”
Aquello sí había sido bien captado por los oídos del anciano, pues pronto contestó: “
Séneca le enseñará el camino.
El perro, que así se debía llamar, pues solo al oír su nombre no dejó de mover constantemente su cola, se quedó a la espera de la orden de su amo.
Y esta no tardó en llegar.
¡Vamos Séneca, enseña el camino al señor, corre!”
Aquel perrito antes de cumplir la orden, dio unos ladridos en respuesta, esta era la manera de dar a entender que sabía el encargo, pero esperaba la confirmación.
¡Vamos, corre ya!”, volvió a ordenar, a la vez que con la mano le indicaba la dirección a seguir.
Con las orejas y la cola levantada Séneca emprendió veloz la carrera entre hierbas y cardos secos, por el uso diario de la misma ruta ya había marcado el caminito a seguir. Por mi parte, viendo la dirección que ésta tomaba fui al punto de encuentro. Séneca llegó antes que yo pero no hubo punto de encuentro, ya que ésta dio unos ladridos y veloz volvió otra vez con su amo, dándole a entender que su orden había sido cumplida. Inquieta junto a su amo o amigo esperando mi presencia.
Yo no corría tanto como Séneca, para mí el caminito no era tan fácil, pero sin dificultad llegué donde estos me esperaban. Una vez a su altura comprobé que estaba en lo cierto sobre mis pensamientos al ir bajando, ya que por su aspecto se trataba de un vagabundo con un perro.
Por debajo del puente una especie de choza o cabaña hecha de trozos de maderas, cartones y una tela bastante sucia que serviría de cortina y puerta a la vez; A una corta distancia junto al muro tres piedras. Era fácil deducir su función y su uso, el humo acumulado a la pared confirmaba donde se preparaba la comida. No me preocupaba en lo más mínimo todo aquello, había decidido bajar y así lo hice. Por otra parte sabía que podría abandonar en cuanto quisiera, así con todo no dejé de pensar:
< Madre mía dónde me he metido>
Solo unos pasos me separaban para reunirme con el viejo que me había invitado a bajar. Aquel hombre me estaba observando, haciendo caricias a su perro para disimular su inquietud por la inesperada visita. Unos pasos y éste se me acercó dándome los buenos días:
Buenos días, y continuó, Tengo bastante cascados los oídos, desde aquí abajo no le entendía
Le correspondí con mi saludo deseándole también un buen día, luego le tendí la mano al tiempo que, ¿cómo diría yo? …al tiempo que disimuladamente lo miraba de arriba abajo.
Su rostro lleno de arrugas, estas que los años van marcando como si en ellas estuviera escrito la existencia de cada uno. Creo que cada una de estas tiene un significado, por otra parte no puedo entender que a mucha gente le horroricen estas y más en el rostro. Por mi parte creo que es la confirmación de una existencia por este mundo complicado y cruel a la vez, bueno, también puede que piense así porque yo también estoy en este camino
De momento aquel hombre me inspiraba cierta simpatía. Rostro poco visible, pelo y barba amarillenta que cubría gran parte del rostro, pero lo poco visible reflejaba la satisfacción de mi presencia, o al menos esa era mi impresión.
Le tendí mi mano a la espera de la suya, pero a éste le pasaba como a su perrita que les tienes que insistir:
Vamos, cógela.
La mano del viejo se apretó con la mía como debe ser un apretón de mano, este tiene que notarse y sentirse. bueno por mi parte olvidé este requisito de apretón fuerte.
El sí sabía que un saludo de manos tiene que ser fuerte, afectiva y cordial, que se tiene que sentir después de soltar ambas manos. Él había puesto toda su energía en su débil y poca carnosa mano. Por mi parte yo no quería apretar mucho, notaba que sus viejos huesos flotaban en unas bolsitas de delicada piel, así que por mi parte rompí aquel protocolo.
El rostro del viejo reflejaba satisfacción con mi saludo, tal vez se pasaba meses sin que éste se relacionara con nadie, o tal vez era otra impresión mía, errónea y corta. Antes de soltar mi mano la acarició con la otra al tiempo que decía:
Sabes, no recuerdo cuándo fue la última vez que mis manos se apretaron con otra, tal vez treinta o cuarenta años y continúo,
“Ha sido muy generoso por su parte en bajar y reunirse con nosotros, ¿no es así Séneca? Unos ladridos eran la respuesta y confirmación por parte de ella.
No sentía la misma satisfacción por mi parte, sabía que había bajado solamente para dejar clara mi respuesta o mala interpretación. Acaricié la cabeza de Séneca y dirigiéndome a su dueño dije:
Solo le falta hablar, tiene un gran perrito…a propósito,
¿Por qué siendo perra se llama Séneca?
Bueno, lo primero, no soy dueño de ella, nos conocimos por casualidad, así que cada uno puede marcharse en cuanto quiera, los dos somos libres”.
Aquellas palabras debieron ser entendidas por la perrita, ésta agachó la cabeza y no se movió durante un buen rato.
Dices que solo le falta hablar, bueno hablar y comer de vez en cuando.
¡No parece pasar hambre!”, le respondí.
Ya, porque tiene buen apetito, a veces tiene que comer lo que no le gusta – bueno, a mí también me pasa lo mismo, pero con hambre todo cae bien al estómago, tal vez no tanto al paladar.
Nos conocimos en un contenedor, de basura la pobre no sabía cómo sacar lo del interior, así que hicimos un pacto: ella de noche me alejaría las ratas de la cabaña y yo de día le proporcionaría la comida, siempre que hubiera para los dos.
Lo del nombre, pues en realidad no me fijé mucho pero como la vi tan espabilada solo se me ocurrió este nombre,
Séneca
Luego empezó a nombrar Sócrates, Platon Aristóteles,.….
Por mi parte ya empezaba a sentirme incómodo, no sabía bien por lo que había bajado. No, la verdad es que lo que yo intentaba era hablar de la perrita y punto. El viejo lo comprendió y no tardó en manifestarse:
Te estoy aburriendo, ¿no?
Sabes, fui profesor de filosofía y letras en California, a veces no lo puedo olvidar. Séneca es mi alumno más aventajado, si le hiciéramos un examen sacaría por lo menos un diez en filosofía. No pasa día sin su lección, vaya que sí.
¡Séneca!, levanta, vamos a enseñarle a nuestro anfitrión, pues tu huerto es fantástico”. El hombre me guiñó el ojo y me indicó el camino.
Séneca se puso como loca, ladraba, saltaba dando vueltas alrededor de su amigo, por lo visto había entendido bien lo del huerto.
A propósito, “¿Cómo te llamas?” “Libertario”, fue mi respuesta.
“Bonito nombre, el mío es Juan. Qué casualidad pensé, me recuerda mucho este nombre, así se llamaba mi padre.y yo durante muchos años.
Para llegar al famoso huerto de Séneca teníamos que pasar por delante de la cabaña, a la que el viejo comentó:
“Ésta es mi morada, sabes, solo la utilizo para dormir, y para esto solo se necesita tener sueño”.
No tardamos en llegar frente al famoso huerto de Séneca. Se trataba de unas tomateras que habían nacido entre los cardos, seis o siete plantas que con unos riegos habían florecido. “
Pronto tendremos tomates, ¿no es así Séneca?”, dijo Juan.
Ésta no sabía lo que hacía, daba saltos, pero esta vez a mí alrededor. Comprendí que estaba esperando mi opinión, así que tuve que exclamar:
¡Es fantástico tu huerto Séneca, fantástico!”
“Bueno ahora le enseñaremos nuestro tesoro a nuestro amigo”, replicó Juan.
Se dirigió a una de las columnas y de un pequeño agujero sacó una cajita de plata, por cierto, bastante negra, la abrió y me enseñó su interior. No me extrañé, había visto algo parecido en mi casa. Era una vieja costumbre al cambiar de casa o vivienda poner en su interior sal, legumbres, aceite y una moneda, en este caso de poco valor.
“Lo ves, no nos falta de nada.
Esto es todo lo que conservo de casa de mis padres, pero vaya, siempre encontramos algo para llevarnos a la barriga.
Sabes, se podrían llenar sacos de pan cada día, sí barras de pan tiradas sin escrúpulos a la basura, si la gente que pasa hambre se cogiera de las manos, estos formarían una cadena humana que daría la vuelta al mundo”.
Séneca nos miraba, seguro que estaba de acuerdo con la tesis de su profe, pero de vez en cuando giraba la vista en otras direcciones.
Por mi parte estaba acariciando a Séneca y de pronto pregunté al viejo, bueno, a Juan:
¿Puedo hacerte una pregunta? Si quieres la contestas, si no, no pasa nada”.
Él me respondió: “Pregunta, creo que sí podré contestar”. “
¿Qué motivos llevan a una persona para tomar la decisión de abandonarlo todo y convertirse en un...?
¿En un vagabundo?,. Es lo que quieres decir, verdad”
“Bueno, más o menos sí, según tú eras profesor, hay una ética y una moral, ¿no es así?”
“Querido amigo, me dijo, ¿puedo llamarte amigo, no?”
“Sí, por supuesto que sí”, contesté
“Yo también te hablaré como amigo, y a Séneca también
Mira me has caído bien y créeme. Durante estos muchos años no he sido tan sincero con nadie como lo soy contigo, no es así Seneca
¿Cuántas razones necesita una persona para tirarse de un quinto piso? Tal vez miles pero sólo una le lleva al suicidio, sube y se tira.
Sí, yo era profesor en California, ganaba bastante dinero. No mucho, bueno en los EE.UU. no te puedes imaginar lo que es mucho. Te diré que hay listas de espera, pero no para entrar a los hospitales, ni a las escuelas, no, estas son simplemente para dar una vuelta alrededor de nuestro planeta Tierra, pagando unos veinte millones de dólares.
¿Esta es la moral de la que tú me hablas.?
¿El Vaticano tiene moral y ética cuando dice no a la píldora, a los preservativos, a los abortos?
¿Por qué amenaza con la excomunión a los gobiernos que toleren esto, y no a los que promueven las guerras o tengan en esclavitud a millones de criaturas?
¿Tendrán ética y moral, querido amigo, aquellos médicos que sacan riñones y otros órganos, y no solo a muertos, no, también a personas sanas por necesidad de dinero para poder llevar adelante a su familia, trasplantándolos luego al mejor postor?
Tal vez fue mi ética y moral la que me llevó a este camino...Tal y como lo dijo el filósofo Jean-Paul Sartre:
No hay víctimas inocentes. Yo soy, pues responsable de todo, puesto que está en mi mano el poder rechazarlo todo, (en caso necesario, mediante el suicidio), excepto mi responsabilidad misma: Yo soy responsable porque soy, lo que demuestra que no soy el fundamento de mi facticidad.
Mira, para explicarte lo de la moral, tardaríamos un buen rato e incluso dudo que nos entendiéramos, no, cada uno es una moral en su yo”.
Entonces él siguió con su relato sobre su viaje a su casa. “Regresé de California a mi casa de España porque me informaron que mi madre había muerto. De mi casa solo me llevé la cajita de plata y un diario de mi madre. Ésta había sido maestra nacional, como se diría maestra de la República. De regreso a California tuve tiempo de leer por completo aquel diario. Tanto ella como mi padre se sentían orgullosos de haber sido maestros de niños pequeños, a quienes llamaban su jardín de flores ya que día a día los cuidaban para que llegaran a ser buenos ciudadanos. Solo con la cultura se puede llegar a esta meta, no hay otro camino ni atajos, cultura, cultura y cultura. Esto ellos lo sabían bien. Mis padres habían cambiado el ‘yo’ por el ‘ellos’.
En aquél entonces tenía tiempo de sobra, así que fui a Nueva York, visité las torres gemelas, símbolo del capitalismo, luego subí a la majestuosa Estatua de la Libertad, ésta un regalo de Francia. Desde allí arriba te sientes como un halcón o una gran águila, puedes oler la libertad, pero no puedes percibir la realidad - las personas son muy bajitas, con un solo pie las aplastarías. Pero lo real está allí abajo, la soberbia, riqueza sucia y la miseria más absoluta.
Es un país con la riqueza inmensa, y la pobreza más miserable del planeta, en sus calles se cruzan los coches más modernos y lujosos, los carritos de supermercados llenos de basura y desperdicios para comer, estos tirados por vagabundos. En su subsuelo de la ciudad más rica del planeta, estos viven y con viven con las ratas y afortunado es el que puede comerse una rata si no se la quitan cuando la esta asando. Sí vagabundos que tal vez como yo escogieron este camino antes que el suicidio. Desde entonces y una vez leído el diario de mi madre, me despedí de la enseñanza e intenté salir del círculo corrupto y cómplice.---
Mi amigo Juan seguía hablando, yo por mi parte le miraba y escuchaba muy atento ya que me recordaba a mis abuelos, al abuelo también le encantaba hablar mucho, en las Navidades y Año nuevo aunque hubiera poco para comer, lo que nunca faltó, fue la alegría en lo que cabía la cordialidad y el recuerdo de nuestro padre, su hijo, éste siempre tuvo su plato aun que vacio en la mesa. Y cada año
nos decía lo mismo:
Año Nuevo, vida nueva y que el año que viene lo celebremos con mi hijo Juan!,
Luego vendrían unas lagrimas acompañadas con un montón de besos.
Yo estaba muy apegado a mi abuela, me gustaba tocarle la cara, sus manos, en ellas quería leer el significado de las arrugas, siempre fue una luchadora, mucho más que el abuelo. Sólo ella sacó a su familia adelante, ésta con cinco hijos, el mayor de ellos era mi padre, compartía este puesto con su hermana Antonia, ya que eran gemelos.
Debieron ser docenas las veces que mi abuela me contara, no sé si un cuento, según ella, un hecho real.
Abuela, ya me lo has contado un montón de veces, a lo que ella me decía:
Bueno, pero para que no se te olvide, y seguía contando.-
Un hijo llevaba a su anciano padre para ingresarlo en un asilo, habían caminado un largo camino cuando el hijo dijo:
“Padre, sentémonos en esta piedra para descansar un poco”, sólo fue sentarse y el cansado anciano dijo:
“¿Sabes hijo?, en esta misma piedra también descansamos cuando llevé a mi padre al mismo asilo.
Entonces el hijo se levantó y dijo a éste:
Padre volvamos otra vez a casa, no quiero decir lo mismo a mi hijo
Yo no entendía por entonces aquella historieta o cuento, a lo que preguntaba a mi abuela: ----
¿Qué quieres decir con este cuento abuela?----
Entonces ella le ponía su “moraleja”.
Simplemente que no hagas nada que no te guste que te lo hagan a ti. Sí, éste era el significado de las arrugas de la reseca y cansada piel de mis abuelos. No sé si realmente era verdad pero siempre lo llevé y llevo en mi mente.
Sí esto son las arrugas, sabiduría y experiencia (gracias abuela). --
De pronto volví a poner atención en mi amigo, éste aun estaba con su discurso, por otra parte Séneca estaba o se hacía la dormida: --
Sabes la gente no está con los pies en el suelo, se diría que están en las nubes o tal vez aun no se han bajado de la estatua, no, no viven una vida real.---La gente está sometida a la rueda del consumo, y así educan a sus hijos, casas, coches, muebles y fantásticas cocinas, lástima que estas tengan poco uso, que comen como yo (comida basura). La rueda de la que no se pueden escapar tiene un nombre (hipoteca) que es lo mismo que venderle el alma al diablo.
Una manera de tener esclavos durante “x” años y aun que la cadena no se ve, esta es muy pesada. Si preguntáramos a los niños
¿Quiénes son vuestros abuelos? Seguro que el ochenta por ciento responderían. Los padres de nuestros padres,
¿Qué recordáis de ellos?
A sí! vivían con nosotros, nos cuidaban nos llevaban y nos traían del cole, nuestros padres tenían que trabajar .
Aun así muchos de estos abuelos, terminaron sus días en un asilo. Volví a quedarme en blanco, aquellas palabras me recordaban la realidad. En los muchos servicios realizados con mi taxi a estos ancianos, al llevarlos en casa de sus familiares la conversación con ellos no era la misma, al salir del asilo, o al regreso a éste. Los domingos estos servicios eran frecuentes, los recogías por la mañana luego por las tardes los volvías a recoger de casa de sus hijos, estos familiares eran los más frecuentes.
No, la moral no era la misma, se les notaba sólo subir al coche. Cuántas páginas podría llenar sin faltar a la verdad, de estos abuelos. Si estos abuelos tienen al taxista como a un confesor, esto bien lo saben los de esta profesión. No eran confesiones en busca de un perdón, más bien una vía de escape para decir aquello que dirían a sus hijos, pero a esta edad bien por miedo o tal vez respeto, muchas o casi siempre se las callan.
Mi hijo antes venia a buscarme y después me llevaba. Ahora por las mañanas tiene sueño, y por la tarde no quiere perderse el fútbol, así que me da dinero para pagar el taxi”.
Otro testimonio entre muchos, palabras textuales (bien verdad que me cayeron unas lágrimas)
Si mi hijo hiciera la caseta del perro un poco más grande, yo viviría mejor allí. Otra abuela: “Antes venían a por mí todos los domingos, ahora sólo cuando se acuerdan”.
Estos testimonios y muchos más, son reales como la vida misma.
Qué lástima que no se pongan más piedras en los caminos que van a los asilos!.
¿Por qué los colegios no tienen una asignatura evaluable y que los niños al menos una vez cada seis meses convivan unas horas con estos abuelos?
No es pedir mucho, tal vez hasta nosotros se lo agradeceríamos algún día, quién sabe. Y lo que decía mi abuela: “lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie”.
(Gracias abuela, yo también te quiero mucho).
Fueron mucha las veces que me reuní con mis amigos, nunca me permitieron, bueno Séneca no lo veía mal, pero su amo rechazó la idea que les llevara algo, éste me amenazaba con cambiar de lugar:
No lo hagas, estamos a gusto aquí, así que respeté esta norma. Bueno, no en su totalidad una de las veces les tiré una bolsita esta de café y azúcar, bueno, también unas aspirinas, éstas a petición de mi amigo.-
Aquel día de lejos presentía que algo no iba bien, Séneca ladraba muy diferente, no era su manera de hacerlo.
Me disponía asomarme al fondo para comprobar lo que estaba ocurriendo allí abajo, bueno, asomarme era lo primero que hacía sólo llegar, luego bajaba para pasar un rato con ellos, me satisfacía un montón comprobar que Séneca sin verme el rostro ya me reconocía, con sólo ver la sombra de mi cabeza romper la línea recta de la pared quita miedos o barandilla. Séneca estaba seguro que allí arriba alguien se asomaba, luego solo era mirar en esta dirección.
Yo siempre hacía lo mismo, antes que ella mirara arriba me escondía para que no me viera, pero este gesto le bastaba para adivinar de quien se trataba, entonces ésta salía veloz a mi encuentro.
Aquel día era por la tarde, así que el sol me daba en la cara, por esta razón mi sombra no se reflejaba al fondo. Pero estaba en lo cierto, allí las cosas no iban bien. Un coche de la policía local y una furgoneta de la funeraria. El agente municipal estaba tomando unas notas, y por su parte Séneca hacía grandes esfuerzos para librarse de la soga que le había puesto alrededor del cuello, y ésta a la vez atada a una enorme piedra. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, las piernas me empezaron a flaquear. La atención que había puesto a Séneca me impedía ver la realidad.
Al borde del camino, este punto de encuentro con Séneca cuando venía a recibirme, hoy le era imposible, por unas cuantas razones, no había notado mi presencia, por estar atada y además otros acontecimientos la tenían más distraída. La furgoneta con las puertas traseras abiertas y cuatro hombres con monos azules bastante descoloridos, estaban introduciendo una caja rectangular de madera de pino y forma de ataúd. Un quinto hombre, debía ser el chofer, ya que ocupaba este asiento, luego salió para hablar con el agente, el cual sentado en su vehículo, atento a la emisora Con sonido bastante confuso, no dejaba de comunicarse con todas las unidades. Por mi parte empezaba a estar seguro de mis presentimientos, aquella caja seguro que en su interior llevaba a mi viejo amigo, estaba seguro.de ello, a lo que me hice una pregunta.
¿Pero qué había pasado?
En el ambiente se notaba que algo se estaba quemando, de la parte de abajo salía humo y el olor era inconfundible así que tenía que saber lo que había pasado, pero mis dudas o temor era que me podía meter en un lio o compromiso, tal vez serian muchas las preguntas a las que me tendría que someter, por otro lado era lo mínimo que podía hacer por mis amigos.
Mi curiosidad era mayor que mis dudas, así que me dirigí al agente que aun estaba con el micro en su mano derecha, estaba informando de que la furgoneta ya estaba cargada y lista, de la central se le informó que se dirigiera al depósito del cementerio.-Recibido,--confirmó el agente, cambio
Dejo el micro, se disponía a salir del vehículo, pero se puso la gorra al verme junto al conductor de la furgoneta, los otros cuatro ya estaban acomodados y listos para salir de aquel lugar.
Sólo a unos pasos del agente, fui a su encuentro, este me hizo un saludo y espero a que yo empezara a preguntar. ---Buenos días, --- Buenos días, ---éste respondió,
Usted dirá en que le puedo ayudar.
No sabía por dónde empezar, pero el chofer de la furgoneta, al que ya había estado hablando, me saco del apuro ya que él fue el primero en hablar.-- -
Este señor dice que el perro es suyo, le he dicho que hablara contigo.
El agente hizo una mueca de extrañeza y antes que este respondiera cogí el hilo del diálogo diciendo.
Sí el perro, bueno no es perro, sino una perra pues hará unos meses que se perdió, casualidad ha sido verle hoy aquí.
¿Cómo sabe que es éste el suyo?
Bueno, desde aquí arriba sé que no es un perro sino una perra, estoy bien seguro de que es el mío, le conozco muy bien, créame por favor.
¿Puede justificar lo que dice?-
Pues no, no tengo ningún papel, si es a esto a lo que se refiere.
Solo es mi palabra, ella puede responder a estas preguntas, su nombre es Séneca, SI la llamo, ella le dirá si es la mía o no.
No se trata de una perra de raza ni tampoco ninguna preciosidad, ni vale un duro, la verdad es que es la mía o al menos hace unos meses que lo era
Luego pensé que diría Séneca si hubiera escuchado mis alabanzas tan férreas sobre ella, no quiero ni pensarlo, “ perdona Seneca, todo es por la causa”.
El agente que me había escuchado con mucho interés por su parte, me dijo: Perdóneme un momento, dirigiéndose al conductor de la furgoneta, le dijo:
Podéis dirigiros al depósito”.
Pues vamos allá.
-Éste antes de dejarnos dijo al agente: “
Si este señor dice que el perro es suyo, que se lo lleve, un trabajo menos para vosotros.
¿No te parece?
Si, pero el juez lo ha visto.
Bueno, estos animales son capaces de cortar la cuerda a mordiscos, tú sabes el final del pobre animal si te lo llevas.
Aquel hombre me guiñó un ojo, luego subió a su vehículo. El agente se quedo algo pensativo, y preguntó:
¿Cuánto tiempo dice que hace que se le perdió?
Un mes, tal vez dos, en realidad no lo sé exactamente.
Pues con tampoco tiempo se encariñó mucho con el viejo, le tuvimos que coger de mala manera y atarlo, no dejaba que nadie se acercará a su cuerpo.
De lo que decía yo estaba bien convencido de ello, para mí no había nada de extraño en Séneca, es más, me extrañaba y por ella me alegro que no hubiera mordido a nadie, de lo contrario nada hubiera podido hacer por ella. Así que contesté,-
Tal vez fuera por los servicios prestados a su hospitalidad, me alegro por ella en este caso, vaya que sí.
Aquel agente era bastante amable en el trato, si había tenido mucha suerte por este lado tenía la certeza que Séneca se vendría con migo a casa, estaba seguro de ello.
Aquel agente tendría unos treinta años, más o menos, alto y bastante robusto, a menudo se llevaba las manos al cinto o correa para colocarse mejor el peso del arma que estaba en su lado derecho, en el izquierdo llevaba la porra.
De pronto volvimos a la conversación sobre Séneca, pero esta vez aprovechando el buen rollo del agente, le pregunté:
¿Era muy viejo el hombre?
Bueno, estos vagabundos con sus aspectos engañan, pero seguro que tendría más de ochenta y tantos, no iba muy mal, pensé, yo sabía que ésta era la edad de mi viejo amigo.-
¿Sería bastante alto?, bueno lo digo por la caja.
Que va, no pesaría cuarenta kilos, pesaba más la caja que el muerto.
La caja era un poco hortera ¿No cree?
No sé si mi interlocutor hizo más comentarios al respecto, yo tenía mis cinco sentidos puestos en la furgoneta que ya se había puesto en marcha para llevarse a mi amigo. No pude verle en la caja, de lo cual me alegré, nunca me gustó ver a los difuntos por que los quiero recordar siempre con vida. En aquel momento mi mente estaba en el furgón y por un instante imaginé a mi compañero y amigo sentado sobre aquella enorme caja de pino, mi buen amigo con sus desgastados harapos como él solía decir, su larga cabellera y barba blanca, ojos claros pequeños y lacrimosos. Las arrugas en su rostro le habían desaparecido, éste ahora era limpio y claro. Era como aquel retrato de
Doran Gray, sólo que en el caso de mi buen amigo, las arrugas le salían por los sufrimientos y las injusticias de esta mal llamada “civilización”.
Luego me imaginé que me estaba diciendo: ----“Querido amigo, la caja no es hortera, nunca me gustaron las cajas, ni las reglas impuestas, por esta razón nunca colaboré con mi esfuerzo ni con dinero a ello, nunca quise venderle el alma al diablo, ni pedí limosna a nadie, viví de lo que encontré tirado. “mi debe y mi haber están a cero”.
Puso las puntas de sus dedos en sus labios y desapareció de mi mente y de mi vista, las palabras del agente me hicieron volver a la realidad.-
Debajo del puente encontrará al compañero, dígale que ha estado hablando conmigo y que se puede llevar al perro. -- ¿Y cómo dijo que se llamaba? –
Séneca—respondí. ----Gracias y perdone, este animal solo me ha acarreado problemas, comenté en voz baja procurando que el agente lo pudiera oír bien.
-Por no haber sido de la mirada atenta del agente, hubiera bajado corriendo por aquel dificultoso camino y tan conocido a la vez por mí, las ansias de librar de la cuerda del cuello de Séneca era enorme, ésta nunca había estado atada como ahora, seguro que no, siempre fue libre, como su amigo (Juan)
No quería correr, corría el riesgo de meter la pata y estropearlo todo, no quería dar a entender que no era la primera vez que bajaba por aquel camino lleno de obstáculos, así y muy a pesar mío modere la marcha. Sólo a unos pocos metros Séneca se dio cuenta de mi presencia, saltaba, ladraba e intentaba sacar la cabeza de aquel collar, al no conseguirlo empezó a morderla estaba histérica.
El agente de abajo, atento al fuego en espera que éste consumiera el resto de la caballa, se dio cuenta de mi presencia y al ver el alboroto de Séneca con voz fuerte dijo: --- ¡! No se acerque al perro! ¡Puede morderle!,
(seguro, pensé yo). Fui a su encuentro, y le dije:” Algo alborotada sí que está, loca no, este animal es mío”. Antes de que el agente reaccionara empecé a acariciar a Séneca, ésta demostraba su alegría humedeciéndome las manos con su lengua, yo seguía acariciándole, cabeza, cara, lomo, piernas y vientre, al tiempo que en voz baja le preguntaba: ---
¿Qué ha pasado Séneca?- Nuestro amigo nos ha dejado--
-Seneca no sabía contestar con palabras, pero yo estaba seguro que sabía bien lo que le estaba diciendo, dejo de lamerme las manos y con sus ojos tristones contestó a mis preguntas. Seguía acariciándole, al tiempo que mi mente recorría con los recuerdos no muy lejanos aquel lugar, donde tantas horas había pasado con mis amigos. Ya no era el mismo, el fuego había terminado con todo aquello que mi amigo llamara cabaña o pocilga, el se conformaba ya que la utilizaba según él, sólo para descansar sus cansados y desgastados huesos. Solo necesitas tener mucho sueño, solía decir, luego cierras los ojos y hasta el día siguiente.
Luego sería poner la vista al rincón donde se dividen las dos arcadas para formar aquella bóveda de medio punto, allí mi buen amigo guardaba su gran tesoro, si según él era el único recuerdo que se llevara consigo de casa de sus padres
Ven, me sugirió, vamos a enseñarte nuestro tesoro. Y de aquel rincón sacó la cajita de plata, sal, trigo, aceite, y una pequeña moneda.
No, nos falta de nada, ¿no es así Séneca?.
Dejé de mirar aquel rincón y seguir recorriendo con mi vista y mente aquel lugar, sabía que ésta era la última vez, no habría motivos para otra visita. Mi atención fue a tres piedras, allí solía hacer fuego para comer de vez en cuando algo caliente, sobre todo los días crudos del invierno, no había duda, las tres piedras negras, una parrilla, bueno ésta era el estante metálico de una nevera, sobre ella calentaba el pan para que se ablandara. Él solía decir:
“El fuego purifica las cosas, sobre todo estas con fecha de caducidad”.
Ahora el humo era total en toda la bóveda del puente así que tenía que poner toda mi atención a Séneca, la tenía que sacar de allí. Ella estaba hecha una rosquilla, con su cabeza apoyada sobre sus patas, callada y pensativa, tal vez pensando en la suerte que le esperaba en su nuevo hogar.
El primero me dejó tirada en la carretera, después de casi un año de ser el juguete atractivo de sus hijos algo impertinentes. Luego, al rechazar por mi parte estos pesados juegos ya no era bien vista como juguete de aquella casa, y pasé a ser un estorbo. De noche y a unos muchos kilómetros del “hogar”, sin más me hicieron bajar del coche, al tiempo que hacía pis el coche se marchó cagando leches.
Los niños, según la madre, no se tenían que enterar, pues los padres no pueden dar este mal ejemplo, faltaría más, no me extrañaría que los abuelos de estos niños también fueran abandonados en algún asilo. Hay un dicho que dicen (de casta le viene al galgo), bueno esto, ni lo dijo, ni lo pensó Séneca.
Desaté la cuerda sólo del extremo de la piedra, así que ella aun iba atada al otro extremo, no podía soltarla ya que corría el riesgo de que se fuera al lugar donde su compañero fue metido en la caja. Subí pasando por delante del agente, éste muy amable dijo.
¿Ya se lleva a su perro?, bueno perrita.
Sí, ya me la llevo a casa
Parece estar más tranquila, no hay duda de que es suya, tal vez el vagabundo la retuvo contra su voluntad.
No respondí al agente, ya que no podía decir lo que pensaba al respecto, pero no pude dejar pasar la ocasión de preguntarle.
¿Fue el fuego la causa de su muerte?
No, el fuego lo hicimos nosotros, fue por orden del juez, por lo visto, llevaba unos días muerto.- En fin, que en paz descanse y me aleje de aquel lugar
Llevábamos unos pocos kilómetros recorridos sin abrir la boca no quería decir nada, Séneca tampoco hizo ningún gesto para que así lo hiciera, desde que nos alejamos del lugar, sólo se limitaba a seguirme, tal vez y lo más probable, era que aun iba atada a la cuerda, no le quedaba otra alternativa. Si se paraba era porque yo así lo hacía, pero ni una sola vez levantó la cabeza para mirarme, sólo miraba el camino recorrido, esta era aun la razón de no dejarla suelta sin cuerda. Estaba seguro que ella una vez libre correría al encuentro de su amigo, así que ni se me ocurrió.-
¿Qué te pasa Séneca? ¿Acaso no soy tu amigo?.
Me miró pero no hubo respuesta.-
No te preocupes, ya falta poco para llegar a tu nuevo
hogar, te lavaré bien, luego comerás como una verdadera reina.
Ya llegábamos, en el portal estaba Teresa, nos estaba esperando bueno, en realidad sólo me estaba esperando a mí, por esto pregunto:
¿Adónde vas con esto?, no contesté hasta llegar a su altura, luego sí.
Esto no es ni más, ni menos que mi amiga Séneca.
¡Pero si es una perra!
¡Bingo, y lo has descubierto tu sola! Premio para la señora.
¿Y se llama Séneca?, no parece un nombre para una perra.
La verdad es que no, el nombre es de un filósofo griego.
¿Qué es esto?
”Déjalo, déjalo”, contesté, sabía que tendríamos para rato explicar lo de Séneca.-
Ya verás, en cuanto la limpie no parecerá la misma. Teresa nos dejó para ir a la cocina, me imaginaba, para que y así fue.
Ésta salió con un cubo de agua caliente, champú y además un trozo de jamón de York y se lo dio a Séneca, la cual tan solo lo olfateó pero no hizo ningún gesto ni intención de comer.
Este animal está enfermo, exclamó Teresa.-
No, está triste, y casi seguro que nunca le dieron jamón de York.-
Por mucha pena que uno tenga, el hambre es hambre, y este animal está muy flaco,
¿Es que no lo ves?
La verdad es que está muy flaca y si no come la llevare al veterinario, él sabrá
-Séneca de vez en cuando levantaba la vista tristona para darnos a entender que estaba al tanto de nuestra conversación, tal vez nos pedía disculpas por su mal comportamiento como anfitrión, luego volvía a agachar la cabeza y cerrar sus ojos tristones y legañosos.
Una vez bien lavada y seca Séneca parecía otra, sus vivos colores negro y blanco, éste más dominante, parecía otro animal, seguro que nuestro amigo no la reconocería, así lo comentó Teresa.-
“Mira, creía que era marrón”, y continuó
¿Cómo dices que se llama?
Séneca.---
¡Qué nombre más feo, si tiene que vivir con nosotros, voy a cambiarle el nombre por…. Bueno, ya veré.
Tú le cambias el nombre, para mí siempre será.-
S é n e c a.
Aquel día ésta fue colmada de atenciones, tanto por mi parte, como por parte de Teresa y así iba a ser mientras estuviera con nosotros.
Antes de irnos a dormir le pusimos leche en un recipiente, al lado unas galletas como de bizcocho. Como cada día sobre las siete de la mañana me levanté para ir a cumplir mi jornada de trabajo, pero en esta ocasión antes de subirme al taxi fui a darle los buenos días a mi amiga, también quería ver su estado de ánimo.
¿Qué te pasa macho?—No has probado nada de nada, ni leche ni galletas. Sabes que te digo, a la madona no le va a gustar, nada, nada. Me miro con los ojos tristones y esta vez sin legañas y se puso a lamerme mis manos, seguro que quería darme a entender que la culpa de su mal apetito no era nuestra. Seguía acariciándole al tiempo que le decía:
“Mañana te llevaré al veterinario, el nos dará algo para levantar esta moral seguro que sí ya verás.
Por la tarde decidí ir al veterinario pero esta vez no me llevaría a Séneca, aun tendría que trabajar un rato más, el día siguiente era mi día libre por lo tanto tendré más tiempo por la visita, hoy sólo era para pedir hora. Así que consulte con éste antes de volver a casa, me aconsejó que se lo llevara por la mañana: -
-Seguro que este animal añora a su amo y continuó:
Sabe, los animales tienen un gran corazón, les afecta mucho, tanto en lo bueno como en lo malo. En fin, tráigamela mañana, veremos lo que podemos hacer.-
Empezaba a oscurecer cuando llegaba a casa, Teresa estaba esperando en el portal con la puerta medio abierta, era una cosa habitual, sabía más o menos las horas de mi llegada, así solo llegar le dije:
“Mañana tengo que llevar a la perra al veterinario”
“Pues te será difícil, la perra como dices se ha escapado”
¿Qué me dices?”. –
Pues esto, que se ha escapado
La he soltado un momento para que tomara un poco de sol así que en cuanto ha visto la puerta medio abierta….
Enferma, si la hubieras visto, una flecha no corre tanto.
No, ella no está enferma, ahora veo que el animalito, lo que tiene es añoranza, esto es todo lo que tiene.
Me alegré un montón, no por el hecho de haberse escapado, si no por lo que había dicho la Teresa, corría como una flecha, muy mal no está. Si me alegraba porque sabía donde la encontraría.-
¡Mañana iré a buscarla, sé donde hacerlo.
Si, Séneca es una artista, vaya que sí.-
Era mi día libre, así que pude dormir hasta las nueve, bueno tampoco tenía mucho sueño, la verdad sea dicha.
Por mi cabeza rondaba otra cosa y esta era Séneca.-
Cada día era más difícil poder bajar aquella cuesta, en unos días la gente sin escrúpulos, iba depositando toda clase de basura, desde restos de comida, latas, cristales, neveras y colchones. No les importaba en absoluto, ni la naturaleza, ni el medio ambiente. Mis amigos vagabundos jamás hubieran consentido este abuso. La gente no sabe o no quiere saber el daño que a la larga se hace, o tal vez mucho antes, pero este llegará, de nosotros depende el preservar la naturaleza.
Bajé poco a poco, pero me extrañaba que mi amiga no viniera a mi encuentro, estaba seguro que no tardaría en encontrarme. No fue así, fui yo quien la vi primero, sí estaba donde en su día, compartía con su amigo la cabaña, ahora desaparecida.
Me acerqué poco a poco, quería sorprenderle, estaba acurrucada, sí hecha una rosquilla en un agujero que seguramente había hecho ella, seguro que lo hizo por la noche para protegerse mejor del frío. —
De lejos su pelo brillaba, sí, Teresa había hecho bien los deberes aunque tuvo que darle dos pasa das para verle el color de su pelo, por esto me preguntó
¿De qué color es este animal?
Me extrañaba que Séneca, tan lista , no se diera cuenta de mi presencia, aunque yo no paraba de hablar.
¿Qué te pasa Séneca? ¿No me quieres mirar?
.No, no era que no me quisiera mirar, la pobre ya no podía hacerlo. Me acurruque junto a ella, le pasaba la mano por la cabeza y lomo. Me cayeron unas lágrimas, las piernas me flaquearon dando con las rodillas al suelo, un escalofrío y un fuerte dolor en brazos y piernas, el pecho me impedía respirar, solo le repetía.
¿Qué me has hecho Seneca? ¿Qué me has hecho compañera?
Tuve que levantar la cabeza, mis pulmones se quedaban sin aire, con la vista daba un repaso a la bóveda del puente. Todo había cambiado otra vez, no, ya no me parecía tan sucia, ni siniestra. Mi mente fue más allá, ahora me parecía, contemplar el interior de una pirámide egipcia, donde enterraban a los faraones con sus tesoros y algunos de sus servidores más leales. Si Séneca había hecho honor a su amigo, un amigo que no le obligó a nada, un amigo con quien repartió la comida cuando era abundante o cuando escaseaba, un amigo que sólo le dio cariño sin pedirle nada a cambio. Ni uno era servidor ni el otro faraón. Los dos eran por igual, dos vagabundos, ni más ni menos y cada uno era responsable tan solo de sus actos. Entre ellos nunca hubo un “Se prohíbe”.
Séneca en esta ocasión opto por él. Suicidio voluntario, tan solo tuvo que parar las pulsaciones de su gran corazón, y así poderse reunir de nuevo con su gran y querido amigo.
No dejaba de pasarle las manos por la cabeza, al tiempo que repetía una y otra vez.
¿Qué me has hecho? ¿Qué me has hecho?, compañera.-
Creía que éramos amigos no esperaba una cosa así
-Fui a por un plástico para cubrirle no quería ensuciarla al tirarle la tierra que esta había sacado para hacer su propia tumba. Me dirigí al rincón del cual cogí el tesoro de estos, luego sería algo para hacerle una pequeña cruz.
Bien, sólo falta una cosa pensé. Sí, pronunciarle unas palabras, era lo único que podía hacer, además quería desahogarme,
Aspire con fuerza y entonces dije:
“Séneca te llevas contigo vuestro tesoro por sí y es mi deseo que te reúnas con tu compañero, con la cajita no os va a faltar de nada. Salud de vuestro para siempre amigo.
¡A! La pequeña cruz está hecha con cañas de tu hermoso huerto de tomateras:-
Tras estas breves palabras, sin prisa y con mucho pesar volví a subir aquel dificultoso caminito, este que día a día habían ido marcando mis amigos. Me detuve sobre el puente, el sol me daba en la espalda así que abajo otra vez mi sombra cortaba la línea recta de la baranda marcando la sombra de mi medio cuerpo esta que llamaba la atención de mi compañera.
Quería verles una vez más, no podía abandonar aquel lugar con las manos vacías, me faltaba no se qué, pero así era.
Por esta vez tuve que poner un poco de imaginación, fantasía y mucho cariño. Si funciona les veo, están juntos, me saludan.---Séneca con su pelo blanco y negro, y mi amigo Juan con su barba y pelo blanco, radiante.---
Con los dedos en mis labios me despedí de ellos.
Me lo imagine con tanto cariño que me era imposible convencerme que aquello no era real, bueno tampoco quería convencerme del todo.
No, yo los he visto, estoy seguro de ello.-
Horas más tarde llegué a casa, ya no había tristeza en mí así que cuando Teresa me pregunto:
¿Y la perrita?
Bien, se ha ido con su amigo.
¿No dijiste que éste había muerto?
Pues no, está vivo y coleando.
¿Cómo se llamaba la perrita?
S é n e c a respondí.
Séneca,¡ qué nombre más feo!
Libertario Gelabert
A los niños y a los no tan niños, sí, a éstos, ya que yo ni pude ni me dejaron serlo. A éstos les pido y aconsejo que no dejen de ser niños, porque no hay nada más noble que la niñez, también que no olviden los deberes del cole y de sus casas. Del cole porque desde éstos podrán llegar a la cultura, y éste es el único camino para llegar a ser libres, y para esta meta no existe atajo alguno, deberes, deberes y deberes. De sus casas, porque es el lugar de convivencia más entrañable, su (Yo) dependerá, del respeto hacia sus padres y sus abuelos. ----- Respetad el medio ambiente, sed respetuosos con los animales. Y procurad poner montañas de piedras en los caminos de los asilos. Sí solo desde la cultura y el respeto podréis silenciar a los abuelos para que no digan mas
“¡Si mi hijo hiciera la caseta del perro más grande, allí yo sería más F E L I Z ¡”
Son hechos reales. Sí, tuve una perrita preciosa, no era de raza pura, su corazón sí. No pude hacer nada para salvarla así que aquí va mi homenaje y cariño.
Conocí y trate con un vagabundo, éste había sido maestros en de la República.
Escuché con atención y con mucho pesar docenas de lastimosas frases de nuestros ancianos abuelos.
A todos estos, incluyendo a mi Chispita mi más sincero cariño a su memoria
--Libertario--
domingo, 11 de enero de 2009
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