Los golfos de los muelles
No sé porque llamaban golfos a los que solían acudir al muelle ya que en realidad la mayoría de ellos solo acudían para llevar algo de comida a su casa. La mitad de las veces esto no lo conseguían, pero lo intentarían de nuevo mañana y sino el otro ya que no tenían otra manera de conseguirlo.
Estos igual que nosotros sus padres no podían trabajar unos por estar muerto otros por estar en la cárcel, pero bien seguro que ninguno acudía para divertirse, allí había pocas diversiones se podían encontrar ya que los carabineros no nos hacían ninguna gracia, algún que otro moratón si pero gracia ninguna. Aquellos eran Catalineros, Pucheros, Jonquetes y de Son Españolet, de estos últimos éramos tres Bofill Galileo y yo, entre todos estos yo era el más pequeño, los demás tenían uno cuantos años de tres a cinco, tal vez algunos mas.
Bien es cierto que no había ningún ángel flor y nata de cada barrio del Jonquet, los hermanos Cardona, anTiratas, es sheriff, y no nombro mas ya que no había nadie que los igualara, pero ninguno de los había bien seguro que no le temían a nada ni a nadie, a cada momento estos se jugaban lo más querido, la vida.
Entre ellos había pocas peleas ya que todos eran consientes del porque estábamos allí, así que se respetaban un poco, bueno no del todo
Galileo y yo éramos de los más jóvenes pero éramos los más respetados, no por dignidad de estos no había otro motivo, este motivo era por miedo a las represalias. Por muy valientes que fueran los Cardona y el sheriff, estos estaban advertidos de que no nos hicieran daño y esta advertencia venia de mi prima Catalina ala que los niños de su edad le temían más que un dolor de muelas, cuando veían venir a mi prima, estos salían corriendo por otro lado, esta sí que era tenía mala leche les pegaba aun que no hubieran hecho nada, así que no nos hacían nada y además nos protegían de los demás, bueno luego teníamos a mi hermano Antonio que también era un salva conducto. No por este lado no teníamos que preocuparnos, la preocupación venia de otro lado y de estos ni mi hermano y la Catalina podían hacer nada, esto dependía exclusivamente de nosotros mismos y de nadie más
No necesariamente tenían que ser los más atrevidos, habían muchas cosas más
El hambre valor, no temer al riesgo, bueno si le temíamos pero no éramos consientes de ello. Pedimos limosnas pero nunca a la iglesia, ya les hubiera gustado, pero mi madre aun que creía en dio no les hubiera dado este placer solía decir. No moriréis de este trueno, al menos por nuestra parte.
Estos son como los perros que comen y cuando están artos entierran el resto, si también pedimos limosna, pero nunca a ellos ya hubieran querido estos, pero como decía mi madre. No tendréis este placer, al menos de nosotros. Se nos había negado todo, escuela, podernos entrar en los refugios, ni poder ser visitados por un médico. En una ocasión mi madre me llevo a la casa del socorro en la plaza de Santa Eulalia Palma,
Y aun que esta fuera pública y del pueblo no me quisieron sacar una muela ya que no teníamos el certificado de pobre, si, si no teníamos el certificado de (pobre) No yo solo tenía siete años, y un tremendo dolor de muelas, a lo que pregunte a mi madre: ¿Mama que es este papel? Me miro y dijo:< Pues que no somos bastante pobres>, (nin.)
Entonces a mi madre no le quedo otra solución que ir en casa de nuestra prima Rafaela sabia que esta si tenía este dichoso papel ella además de este también tenía nueve hijos, si llego a tener dieciséis, esta me dio de comer una buena temporada ya que empezaba a tener una pleura mi cuerpo no se encontraba bien me cansaba Galileo me tenía que llevar no quería quedarme en casa y disimulaba a mi madre el dolor en el costado, y tenía frecuente mente tos.
Rafaela dijo a mi madre: Tía Carmen mándeme a Tario cada día donde comen doce comerán trece.
A mi madre le dieron una receta casera para curar la pleura, esta consistía en tragarme unos caracoles vivos, estos sin cascara por supuesto cada día tenía que tomarme uno y estos eran de los más grandes si eran los llamados (Boves), según le dijeron estos se beberían el liquido o agua del pulmón. No sé si irrealidad estos hicieron su función, o que me sirvieron de alimento, lo que puedo asegurar que aquel principio de tuberculosis se me fue o lo perdí por la calle, a las pruebas me remito, aun sigo acumulando años y voy procurando no olvidarme de respirar por si acaso.
Si con el certificado de pobre de mí benefactora a quien siempre se lo agradecí
Conseguimos que me sacaran la dichosa muela. En la casa de socorro te sentaban te arrancaban la muela luego te mandaban a unos lavabos estos tiraban el agua como los brolladores así que este era el ultimo consuelo.
Si, nosotros no teníamos certificado de pobre y si lo tenía la que día a día me daba de comer
Como indica esta era de lata y a la tapadera le habían en soldado unas pequeñas bisagras, de esta forma la olla y la comida estaba más protegidas de golpes, recogíamos la olla vacía y hasta el día siguiente, días semanas meses y años. Y si alguna semana teníamos dos pesetas estas las gastábamos para visitar un día extra a mi padre, gratis solo era un día a la semana, y solo media ora
Una vez cumplido con la comida entonces con la cesta y la olla nos íbamos al muelle y ver si con un poco de suerte conseguiríamos llevarnos algo a casa, que buena falta nos hacía. Si aquel día habían hecho rodar bidones de aceite entonces con un algodón íbamos extrayendo el aceite desramado entre las piedras del pavimento y así de una a una nos llevábamos tres dedos en la olla de aquello llamémosle aceite más bien era, eso aceite sin refinar y punto.
Los inviernos eran fatales, no teníamos refugio alguno recogíamos catones y ropas viejas para pegarles fuego y a si aguantar hasta que pasara el tren cargado de sacos con patatas. Esta venia de los muelles pasaba por donde hoy es el lago, luego por el túnel debajo de la Catedral luego atravesaba toda Palma hasta llegar a salir a la estación del ferrocarril de Palma, en la plaza España.
Nosotros esperábamos este momento en el calor del fuego y mucho humo, este era negro de azul nada de nada, cuando escupías, más bien parecía alquitrán, y los ojos que puedo decir, no sé cómo los tenía ya que no me los veía. De vez en cuando me decían: Pequeñajo, mira a ver si ya viene, no me sabia mal aquellas palabras ya que yo era el más apropiado para saber si este ya venía. Me acachaba y con la oreja en el raíl sabía si ya estaba en marcha era un método que no fallaba, lo mas incomodo era tener que poner la oreja al frio raíl. Una vez comprobado solo era ponernos al sitio de una curva en esta solía aminorar la marcha, esto era antes de entrar en el túnel, tenía que ser rápido era peligroso estar encima del tren cuando se metía al túnel.
Una vez preparados los más atrevidos y más grandes subían en los vagones que llevaban sacos de patatas.
El nuestro era Bofill y así cada uno tenía su encargado de este menester, estos tiraban sacos luego los otros se preocupaban de recoger y salir corriendo, luego se repartían con su compañero, ya que estos tenían que salir corriendo en otra dirección.
Cuando no se cargaban trenes no cabía otro remedio que ir a por estas, esto era que teníamos que entrar dentro del recinto, tarea difícil. Solo había un camino y este era por las escolleras, unas enormes piedras que servían de rompe olas así unos cien metros teníamos que pasar por estas piedra con las fuertes olas que se estrellaban en ellas. Una, dos y tres ¡ahora ¡ la cuarta venia una más suave entonces avanzábamos unos metros. Tampoco podíamos correr mucho, estas piedras no eran segura resbalan mucho y una caída en ellas te rompías una pierna, esto era lo menos.-
Llegando a altura del recinto teníamos que saltar una valla con alambre de espinas, esto era fácil, pues ya le habían puesto unos sacos viejos que cubría las púas. Con cuidado conseguíamos saltar ahora teníamos que subir a la riba una especie de paseo que separaba el rompeolas de los muelles, había otra dificultad, y era que había un puesto de guarda muelles.
Teníamos suerte aquel día estaba lloviendo con intervalos cortos, esto quería decir que a un toque de sirena trabajadores carabineros y guarda muelles se retiraban hasta que calmara. No temíamos a la lluvia pues ya íbamos calados del agua del mar, así que solo los guardias se retiraban corríamos y nos escondíamos debajo de las lonas.
Sabíamos que en cada montón protegido por las lonas algo se escondía debajo de estas. Los tres coincidimos en el mismo lugar ¡Son patatas! Pues a llenar las bolsas. Es lo que empecemos hacer, nos disponíamos a salir corriendo paro de llover había calmado, pronto vimos las botas de los
carabineros dando vueltas a las patatas. ¿Qué hacemos?
Comer patatas fue la respuesta en voz baja así que
Nos pusimos a comer patatas.
Otra vez suena la sirena, los guardianes se van hacia los hangares y nosotros a las rocas otra vez. Galileo y Bofill podían con la carga que habían cogido, pero yo que no quería ser de menos casi no podía con la mía, aun que fuera bastante menos de la de ellos. Subieron sin dificultad, yo tuve que ir por la escalera y pasar por delante del control, con tanta mala suerte que tuve que tirar la bolsa por no ser pillado por los guarda muelles, estos habían salido al ver a Galileo y Bofill. Solté la bolsa y corriendo me reuní con ellos que ya avían saltado al otro lado de la alambrada. ¿Y las patatas? Me pregunto Galileo, me las han quitado, pues salta y vámonos ya tenemos bastantes. No, no salto yo las voy a buscar. No seas tonto es igual. No termino la frase y ya estaba corriendo a por mis patatas, tantas dificultades para nada.
No podía comprender como me habían podido ver, los cristales estaban empañados al cien por cien por el calor del interior. Abrí la puerta dirigiéndome cerca de la estufa donde aquellos dos hombres se estaban encaletándose. Buenas tardes me podrían dar mi bolsa con las patatas en casa no tenemos nada para comer. No sabes que lo que has hecho está mal si lo sé pero no tenemos nada en casa. ¿Contigo no iban dos más? No señor yo iba solo
Entonces comprendí que cogerme había sido una casualidad ya que desde dentro no se veía nada. Mira te las puedes llevar pero no queremos verte más por aquí. Gracias se lo prometo, salí corriendo con mis patatas, desde lejos levante para enseñárselas a mis compañeros.
El regreso fue muy diferente, las olas nos respetaban ya que aquel día habíamos vencido a los elementos y al mal tiempo, aquel día éramos ganadores. Con aquellas patatas tuvimos para unos cuantos días y no teníamos necesidad de ir al muelle solo íbamos cuando no había más remedio y esto era a menudo. Salían camiones cargados de sacos nadie sabía que contenían aquellos dichosos sacos, así que uno de los hermanos Cardona dijo: Vamos a saber lo que hay en los sacos. Delante de la comandancia de marina frente la estatua de Ramón Llull. Cardona cuchillo en mano se dirigió a uno de los camiones y ni corto ni perezoso acuchillo dos o tres sacos, luego salió corriendo hacia la Lonja. Aquella plaza se quedo amarilla, el contenido salió sin dificultad se trataba de maíz, y este corre como el agua. De pronto acudimos a recoger yo llenaba la olla y Galileo la cestita, de pronto sentí un golpe en mis riñones me gire y eran las botas de los pies de un carabinero, le mire con el dolor en mi rostro pero si se me ocurrió soltar la olla. Me miro y se fue a por otro, seguro que pensó que con migo se había pasado, bueno yo también me lo pareció.
Para que queríamos el maíz, no teníamos gallinas, bueno por desgracia, de haberlas tenido tampoco se hubieran comido el maíz este y la gallina hubieran terminado en la olla. No, al maíz lo picábamos en un mortero mi madre nos hacia sémola, bueno sémola, como dirían ahora sémola un poco chunga, o no
Los acontecimientos tal vez no eran en este orden, pero todos en realidad pasaron. Solo uno marco un antes y un después y en honor a nuestro amigo volveré a recordar aun que con mucho pesar aquel día
Con la oreja pegada al frio raíl exclame: ¡Ya viene! Todos se prepararon y en la curva subieron como siempre, empezaban a tirar sacos, solo que el nuestro no era de patatas, esta vez nuestro amigo había resbalado o no sabemos lo que fue pero su cuerpo quedo en ellos raíles del tren dividido en cuatro trozos. De pronto aquel lugar se lleno de autoridades y empleados del ferrocarril, con una manta cubrieron aquellos trozos de nuestro amigo, ningún niño se pudo acercarse al lugar ya que nos lo impedían. Entonces Galileo me puso su brazo en el hombro y dijo: Tario vamos a casa, y poco apoco sin ninguna prisa por el paseo de Sagrera hasta llegar a Son Españolet, si digo sin prisa ya que este día íbamos con las manos vacías, y un gran pesar en nuestros cuerpos.
En tremós a casa, nuestra madre sin saber nada, en nuestra cara dedujo que algo nos pasaba. ¿Qué pasa? Nins, que el tren ha matado a Bofill, ¡Galileo! Ve a decírselo a su madre, no ir los dos. La casa de nuestro compañero estaba a unos cien metros de la nuestra, así que nos dirigimos a dar la noticia a su madre. La puerta estaba abierta, su madre ya sabía la noticia, las autoridades se lo habían anunciado. Solo vernos nos abraso y nos beso y dijo iros, con vuestra madre gracias. Si mi madre ya sabía la noticia entes que nosotros se la diéramos, por este motivo nos mando a que fuéramos a ver a su madre.
Regresemos a casa y pregunté a mi madre: ¿Mama por qué no lloraba la madre de Bofill? Nos miro y dijo. No puede ya no tiene lagrimas, a la pobre ya no le quedan a sufrido demasiado.
¿Por qué ya no le quedaban lagrimas, una cosa tan indispensable para expresar el dolor y los sentimientos, buenos y malos, pero sentimientos.
A principios del golpe de estado por los insurrectos llamados nacionales y por la gracia de Dios, el esposo y padre de Bofill por la noche fue sacado de su casa, y ya no volvieron a saber nada de él. La pobre no pudo vestirse de luto ya que no habían visto el cadáver le dijeron que aquella misma noche le habían soltado, así que lo más seguro que abría escapado con alguna barca.
Esto no era todo, había más mucho más. Bofill era hermano de cuatro hijos, él era el mayor. Al poco tiempo de que darse sin padre una cerda que tenia les mato a un, digamos casi bebe, contaba solo con unos meses, su padre tuvo tiempo de verle nacer. Luego vinieron los bombardeos, y las bombas que caían en campo abierto dejaban un agujero de unos tres escasos metros. Hera por la tarde la madre de Bofill le llamaba desde la esquina de su casa. --¡Bernaded, Bernadad! No había respuesta, entonces todos los niños se pusieron a buscarle por los sitios mas habituales a nuestros juegos. Pero Bernardo aquella noche no apareció, tuvo que ser por la mañana que su cuerpecito flotaba bocabajo al agua acumulada en uno de aquellos agujeros hechos por las bombas. Después tocaría el turno a nuestro amigo Bofill.
Querido amigo que sabrán lo que significa la palabra “ABRIR HERIDAS” De que película nos hablan, nosotros hablamos de una película real, con sangre real, y no me refiero a la sangre azul cuando digo real, no esta no se derrama esta sabe ponerse a buen recado cuando empieza a llover. No, nosotros o mejor dicho nuestros padres ni se pudieron despedir de sus hijos, tú te quedaste sin padre porque te lo mataron, el mío se pudo escapar de estas alimañas, pero así con todo la emprendieron contra nuestra familia. “Abrir heridas.”
Aquel día nuestra madre nos hizo prometer que no volveríamos ir jamás por los muelles, me miro y me dijo: Tario di que no volveréis a ir por allí, prométemelo. Te lo prometo, Galileo estaba callado mi madre se dirigía a mi ya que sabía que yo manipulaba a Galileo, y este que era muy arriesgado sería capaz de todo. Galileo era todo bondad, yo era más pillo y manipulador, bueno sin el yo no hubiera sido nadie, el sin mí, no sé, no sé. Galileo yo también te quiero.
La promesa la habíamos dado a nuestra madre la pensábamos cumplirla así que desde aquel día nuestros pasos serian en las estaciones del tren, estaba a un paso de la cárcel así una vez cumplido con la comida de nuestro padre toda la tarde era nuestra. Allí era muy diferente no se pasaba frio ni calor y el riesgo era cero, “pero” la comida que nos llevábamos a casa de los puertos ya se había terminado, en las estaciones solo te llevabas algunas perras al ayudar a sacar algún bulto cuando llegaba el tren. Esto era normal pues el que llegaba no quería ser visto con tantos paquetes así que con nosotros los bultos se repartían, la mayoría de ellos eran estraperlistas, estos con unas perras se libraban de preguntas. Pero no, el ambiente no era igual allí parecía que íbamos a quitar el pan a todos aquellos viejecitos que también esperaban su turno, pero nosotros éramos más rápidos que ellos así que los pobres no se comían una rosca.
Muchos viajeros a la espera del tren solían comer algo y lo dejaban a medio terminar cuando el tren llegaba, así que era nuestro turno en llegar primero y hacerse con lo que habían dejado.
No, ni a mí, ni a Galileo nos gustaba aquel ambiente pero habíamos hecho una promesa y la pensábamos cumplir. Hera por la tarde de un día si casi todos los días eran iguales, para nosotros no había un mañana siempre estábamos en hoy
También sabíamos que no muy lejos habíamos pasado el ayer así que el espacio y tiempo era muy relativo, corto a la vez, pero el mañana nunca lo alcanzaríamos. Esta tarde hacia un frio que pelaba Galileo intentaba protegerme del frio y de la lluvia a un que los dos ya íbamos calados hasta los huesos. Yo siempre tuve más frio que Galileo, bien es verdad que al siempre fue mucho más fuerte, pero además yo hacía unos días que no me encontraba bien, me cansaba mucho a lo que mis amigos me tenían que llevar al hombro un poco cada uno. El dolor era en un costado dentro de las costillas, además tenía una tos muy frecuente. Si era por la tarde caminando sin saber a dónde íbamos nos encontremos al final del Paseo del Borne, volvió a caer un chubasco a lo que tuvimos que proteger debajo del túnel, si aun que la calle se llamaba y se llama calle del Mar en su principio por la plaza de la Reina tiene un pequeño túnel donde además había un fonda con este nombre. Fonda el Túnel--- Vamos a esperar un rato aquí, sugirió Galileo, pote con la espalda en esta ventana que sale el vapor caliente de las cocinas, si respondí, y además un buen aroma. La calle del Mar creo que es la las horrible de todas por esta viene todo el frio del puerto y corre por todo el Borne, es un canal de frio. --- (En esta calle se “hacían” los consejos de guerra, a mi padre lo llevaron por dos veces, el fiscal pedía pena de muerte, el caso era CABRERA). He comilla do “hacían” porque no me gusta la palabra (celebraban.)
Paseo del Borne y Arco de la c/ del Mar
Mira Galileo allí encienden un brasero vamos a secarnos, bueno mojarnos era fácil, pero secarnos aun que llevábamos poca ropa era más difícil. ¿Que como era nuestra ropa? Pues veréis una especie de jersey que mi madre nos hacía de trozos de otro jersey, bueno en esta tarea también interveníamos Galileo y yo ella nos enseño y no podíamos salir a jugar sin haber dado unas cuantas pasadas antes, una vez hicimos entre los tres uno para mi padre él estaba por entonces al campo de concentración de La Mola, - Mahón- como no teníamos lana lo hicimos con los hilos que envolvían los paquetes de sopas mallorquinas y no veáis los nudos que tenia. La vestimenta, el jersey, unos pantalones cuatro dedos por encima de las rodillas y unas alpargatas de esparto esto era toda nuestra ropa. Corrimos hacia el brasero y si por acaso no sabéis lo que era un brasero de antaño os lo explico. En un recipiente parecido a una sartén, sin mango y lleno de ceniza en el dentro le ponían carbonilla luego le hacían con trozos de madera una especie de torre se le introducía un papel y se le pegaba fuego. Una vez que se había consumido la leña dejaba de hacer humo, entonces lo introducían en la casa. La carbonilla se había encendido y había fuego para rato. Galileo y yo cuando veíamos caer un trozo de madera fuera del brasero lo metíamos dentro porque queríamos que no se terminara el humo y siguiera a la calle.
La mujer que lo había sacado de vez en cuanto y viéndonos a nosotros salía para añadir más trocitos de leña. –Empezaba a llover y aquélla buena mujer nos dijo: - Lo siento lo tengo que entrarlo a casa. Da igual ya no tenemos frio respondimos. Tario ahora que llueve voy al muelle a ver si traigo algo para comer tu no te muevas de esa entrada, no tardare en volver. Galileo hizo un gesto como montarse en un caballo y no respetando a los charcos desapareció de aquella calle dirección al puerto.
Me quede titiritando de frio cuando de pronto la puerta de la que había entrado el fuego, se habría saliendo la mujer, llevaba una cosa en sus manos. Se me acerco y me pregunto, ¿Te gusta el butifarrón? Si mucho, esta me dio un butifarrón y media rebanada pequeña de pan, se volvió y entro en su casa. ¿Qué si me gusta el butifarrón? Pronto hice dos trozos y uno de estos me lo guarde en el bolsillo, este tenía que ser para Galileo, la otra parte me la comería yo, así lo hacía ya que Galileo tardaba mucho en regresar. –
Ya hacía rato que me había terminado mi parte, pero no sé si por frio o por otra cosa mi mano iba al bolsillo y al tocar el pan sacaba un trocito, y otro, y otro.
Al cabo de un buen rato Galileo se asomo aun montado en su imaginario caballito salpicando las puertas y paredes al saltar por los charcos de la calle. En cuanto llego me vio con lágrimas en los ojos y pregunto: ¿Te duele el costado? No. no me duele pero as tardado demasiado si hubieras venido más pronto. No podía venir antes, se metió la mano al bolsillo. Mira que te traigo, sacando un puñado de trozos de algarrobas, come yo ya he comido. Si eran trozos de algarrobas mezcladas con piedras. Aquello me rompió aun más el corazón por no haber tenido voluntad en guardarle su parte. Tuvieron que pesar años en tener valor para contárselo. Y así un día más habíamos tenido la suerte de comer.
Querido compañero cada vez que paso por delante del lago no veo agua en él un nudo en la garganta y unas lagrimas brotan de mi corazón, solo veo una mancha de sangre y diez tal vez doce patatas que querías llevarte para los tuyos. Te salieron caras pero por entonces era el único para salir de aquel campo de concentración.
¿Cuántos años tenias? Diez once?
A esta edad son acompañados por sus padres cuando van al col, pero ni podías ir al cole ni tu padre te podía acompañar a él lo habían asesinado .
el vente o tal vez,,, seguro no más lejos, el Agosto del treinta y seis ya estaba muerto Delito ser sindicalista y creer que un Mundo mejor era posible. Once años sin haber podido aprender a escribir ni leer, y rezar porque no quisimos aprender. Once años sus manitas tal vez no hubieran podido sostener un lápiz, tal vez esta fue la causa de no haberte podido sujetar a la baranda Si, aun ya dos Españas, bueno dos no ahora, ay tres. Una seria la que nos dejara atada y bien atada, la otra la del conformismo, y por último los que aun permanecemos en el campo de exterminio con sus límites marcados. Esto bien seguros que desapareceremos sin ver llegar, ni poder decir CUANDO VENGAN LOS NUESTROS--------------
A mi amigo Bofill. Un golfo de los muelles.
Tuyo para siempre .El golfo más pequeño
Libertario Gelabert
. Poblaciones Romanas
Posdata. Sobre los caracoles que me hicieron comer, leo y dice así: Fauna de Mallorca, anterior a Crist
Los animales domésticos más frecuentes eran los bueyes, ovejas, cabras, caballos, mulos, y asnos
Plini habla de las liebres que hacían mucho daño a los cultivos, hasta llegar al punto de los baleáricos pidiendo auxilio a AUGUSTO para exterminarlos. El mismo Plini cita unos caracoles autóctonos de Baleares, caraticaes que sirven de remedio para la tuberculosis
Pere Xamena ---HISTORIA DE MALLORCA –Tercera edición –Editorial MolloMITIR 1991
Como podemos comprobar sabemos mas de hace dos mil años que lo que paso a esos caracoles un 18 de lulio de mil novecientos treinta y seis. ¿No es curioso? (España) caja de sorpresas
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