domingo, 11 de enero de 2009

Un plato de habas

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Tario levántate tenemos que ir a buscar algo para comer. Era por finales de Julio así que no daba pereza dejar la cama aunque la noche había sido algo calurosa y larga, ella ya se había levantado para en calentar un poco de agua y unos granos de cebada tostada que teñía el agua a un marrón oscuro, la verdad que no sabía mal aun que carecía de azúcar

Aquella mañana en casa solo éramos mi madre yo y mi abuela, Galileo había ido a una colonia en Buñola,. Antonio estaba cumpliendo el servicio militar en la marina este cuerpo se presenta mucho antes que los de tierra a sí que ya llevaba un año en la mili, por otra parte Aurora pasaba unos días en casa de la tía María. Sobre las, bueno la verdad que no tenía ni la más mínima idea de la ora ni que día nos encontrábamos, era un día como el pasado ya que teníamos el hambre como el día anterior, y el otro así que cada día teníamos la esperanza de cambiar esta suerte. Solo salir a la calle mi madre nos hacia rezar unas oraciones pidiendo al señor que nos ayudara a conseguir nuestro deseo y este siempre era el mismo poder comer.
Nos dirigimos desde Son Españolet a las inmediaciones del cementerio unos tres quilómetros, teníamos que atravesar la riera esta no llevaba agua así que no era complicado para mi bueno mi madre no estaba muy acostumbrada ya que para ir al cementerio no solía coger aquel camino sino uno mucho más largo, nosotros los niños adelantábamos un montón. Si a últimos de junio ya no corría el agua así que solo era ir con cuidado en no pisar según que piedras ya que estas resbalaban mucho por el tiempo la corriente de agua las había pulido como el mármol así que yo estaba más pendiente de mi madre que mi mismo ya que con mi hermano y amigos aquel camino lo conocíamos al dedillo, muchas veces solíamos ir a nadar en unas balsas que por unos meses detenía el agua a finales de Junio esta desaparecía.
Solo cruzar la riera a unos cien metros ya teníamos el cementerio solo teníamos que cruzar la carretera de Purpuñent y coger el camino con lindante al cementerio si este era y es Cami de Cà Làrdiaca, al final daba y da a la Carretera de Establimens hoy General Riera, Por entonces todo era campo para el cultivo allí no había ningún árbol, así que el sol pegaba de lo lindo.
Mira Tario aquí han recogido habas busquemos que seguro encontremos para llevarnos. Aquel terreno tendría más de ocho mil metros si algo mas que una cuarterada, no sé el tiempo que estuvimos buscando pero solo aviamos reunido cuatro tal vez cinco habas. La pobre de mi madre no sé si por el exceso de sol o cansancio el caso que amenudeo se tenía que parar para respirar ya que según ella se mareaba.

Nin ven (niño acércate)
Me acerque ayudándole a levantarse, entonces note sus manitas en mi cara al tiempo que me decía.
Vámonos a casa ya hemos buscado bastante
¿Cuánto tiempo habíamos estando buscando para encontrar cuatro tal vez cinco habas?
El tiempo lo ignoraba pero creo que yo repase aquel terreno una y otra vez
Y otra y otra
Según ella ya eran las doce del medio día, por entonces el reloj del Ayuntamiento se podía oír desde lejos, y demás el sol nos daba de lleno a la cabeza
Sí, nos aviamos equivocado en rebuscar habas ya que estas se cortan cuando aun las matas están verdes así que el fruto en esta ocasión habas no se desprenden fácil mente de la mata, pero teníamos que intentarlo, el tiempo nos sobraba. y además esto lo aprendimos después por el tiempo, por entonces solo pensábamos en comer y el hambre hace ver las cosas de otra manera esto sí que lo sabíamos

Notaba algo en mi madre a lo que le pregunte
¿Qué te pasa mama estas cansada?
No es que me duele la cabeza un poco, solo es un poco de mareo
¿Nos sentamos un rato?
No mira aquí ay una posesión es la hora de comer, tu entra y pide que te den algo de comer.




C’a L’ARDIACA
Eran las casas posesión de todos aquellos terrenos
Por detrás de mí las persianas que traspase ya que daban a las cocinas, el aroma salía de allí así que este me indicaría el buen camino a mi izquierda al suelo junto a la piedra nos comimos aquel exquisito plato de habas

Mi madre se quedo sentada al suelo junto a las barreras yo me dirigí alas casa. Las puertas estaban abiertas bueno más que puertas eran unas persianas. El olor me indico el camino hacia la enorme cocina. Solo entrar una enorme mesa tal vez seis a siete metros a cada lado de esta unos bancos, seguro que serian para más de doce personas a comer. Sobre esta platos o tazas de barro marrón y cucharas de madera jarras también de barro con vino o agua ¡a! y muchos trozos de pan si, si muchos trozos de pan, los ojos me salían

Delante del fuego una mujer estaba cocinando no se qué pero a mí me pareció estar delante de algo que ni en sueños abría imaginado. Si comida recién hecha, me quede como si estuviera soñando tanto es así que aquella buena mujer me tuvo que preguntar dos veces lo que quería.
¿Qué quieres niño?
Algo para comer
¿Te gustan las habas?
¡Si,! sí mucho que si me gustan las habas si toda la mañana había estado soñando con ellas
Entonces aquella buena mujer medio un plato o taza de barro medio de habas además de un buen trozo de pan a y una cuchara de madera, entonces me dijo
Sentarte en aquella mesa y come
Señora puedo ir a comer a fuera allí esta mi mama que también le gustan las habas
¿Afuera esta tu mama?
¡Si!
Entonces aquella santa mujer me cogió el plato o taza y el lleno hasta que pudo de aquellas fantásticas habas, otro troco de pan y otra cuchara
Y los dos poco a poco nos comimos aquél manjar de habas (cuinadas).el pan nos lo guardemos para otra ocasión, entonces mi madre me dijo:
Tario devuelve el plato y dale las gracias y que Dios se lo pague
Así lo hice luego sin prisas mi madre y yo un punado de cinco o seis habas y dos buenos trozos de pan Volvimos a pasar por delante del cementerio a ella ya no le dolía la cabeza y yo me imagine que los pinos del camino, que por cierto la primera vez que pasemos ni me di cuenta de que había pinos, ahora si ya que nos hacían reverencia al pasar y no era para menos ya que aquél día habíamos comido como verdaderos Reyes
¿Qué si me gustan las habas?
Crucemos otra vez la carretera de Pur puñent y pasar otra vez por la riera esta vez fue más fácil ya que las piedras no eran tan resbaladizas además el camino se nos hizo más corto, entonces pensé
Cuantas cosas puede hacer un plato de habas



Pinos que nos hicieron reverencias al pasar
Habíamos comido como reyes, ya lo creo que si
Un montón de patatas


Aquel habíamos podido comer pero luego vendría otro y otro ya no sabíamos a dónde dirigirnos ya que nunca fuimos dos veces al mismo sitio asi que teníamos que probar en otras direcciones No queríamos ser pesados ni abusar de la bondad de nadie.
Así que este día nos iríamos a San Jordi, por allí abundaban los huertos que solían sembrar patatas y mucha verdura, si eran muchos kilómetros pero como dicen que la voluntad mueve montañas os puedo asegurar que el hambre mueve montañas y acorta los caminos.
Salíamos muy temprano si en esto le ganábamos al sol cuando este se levantaba mi madre y yo llevábamos unos kilómetros recorridos, entonces pasábamos por el molinar donde mi prima Catalina y su hijo Miguel ya nos estaban esperando, así los cuatro seguíamos el camino. Mi prima Catalina en mis memorias la he mentado algunas veces, si está casada con Pedro el que se fuera con mi padre con la barca, el pobre escogió la a ventura antes que soportar a mi prima, como se diría el también escogería el camino de la libertad, y no le faltaba la razón. Mi madre siempre le decía Catalina delante de la gente no me llames tía porque yo diré que no te conozco.
¡Tía Carmen es que todos la han pegado con migo!
Por sinvergüenza, ni tu madre te quiere ver
La tía Carmen o sea mi madre siempre pudo decir a ella y a los demás sobrinos los defectos y siempre fue respetada por todos, incluso más que a sus madres. Si a ella y a mi padre los adoraba y si tenían que pedir un consejo era a ellos que lo hacían.
Que mas podría decir de mi prima, si que de niña los niños de su barrio le temían más que a un dolor de muelas, en cuanto la veían se escapaban por otro camino, si tuvo mala compañera su marido Pedro, tenían una niña y un niño cuando Pedro la dejara para salir con mi padre allá por el 1936, cuando termino la guerra él se exilio en Francia, años más tarde regresaría pero Catalina ya se había juntado con un gitano, así que Pedro siguió por su camino
Bueno todo esto era importante decirlo ay que ella también era muy aficionada a cambiar las coas de sitio, a lo que mi madre le decía
Catalina vienes con nosotros pero como te atrevas a robar nada te vas a quedar sola, ¡Enterada!
Si tía Carmen os lo juro
No a mi no me tienes que jurar, a mi basta que me respetes
Ya si día tras día con las mismas advertencias, mi madre sabía que tenía que machacar a Catalina

Un día ya habíamos recorrido un montón de huertos pidiendo, bueno solo mi primo y yo solíamos entrar para pedir algo de pan o algunas patatas, aquello era un terreno de mucha cosecha sobre todo patatas y moniatos, casi siempre nos llevábamos lo necesario para un día o dos.
¡Tía Carmen, tía Carmen repitió Catalina!
Allí ay un montón de patatas
Ya empezamos Catalina
Es que ni jurando, tú no tienes perdón
Tía te neis que venir están tiradas en el corral de los cerdos venir a verlo
Los cuatro fuimos a ver lo que Catalina estaba diciendo y si en aquel corral por lo menos había una tonelada de patatas a merced de los cerdos, pero estas apestaban como perros muertos.
Tía ay muchas que no están podridas a si que busquemos las buenas que hay muchas
Así que nos llenemos una bolsa de aquellas pestosa patatas, pero Catalina lleno un saco que solo ella era capaz de llevar, era una verdadera burra
Por allí abundaban los molinos y eran muchos los que sacaban agua todo el día así que mi madre dijo
Paremos y limpiaremos las patatas así no se pueden llevar
Y en uno lindante a la carretera que por cierto ya no existe por haber hecho la rotonda de San Jordi, en este limpiemos una y otra vez las pestosas patatas el agua era abundante y limpia algo insípida si no se podía beber.
Una y otra vez pero las patatas aun daban un tufo muy malo habían estado mucho tiempo con las podridas.
¿Por qué tirarían aquel montón de patatas?
Según mi madre porque no las habían podido vender de estraperlo y para no entregarlas a bajo precio preferían tirarlas. Tal vez en alguna de aquellas casas que habíamos estado pidiendo, la verdad que siempre los más humildes fueron los que nos atendieron mejor, así con todo gracias a todos ellos

Teníamos que pasar por Casa Blanca y por Son Ferriol Catalina ya hacía rato que se quejaba llevaba el saco sobre la cabeza y no dejaba de repetir
Tía Carmen creo que me voy a desmayar
A lo que mi madre le contestaba
Catalina si te desmayas yo seguiré andando a ti lo que te pasa es que as cargado como una burra, así que tu veras.
No, no es por el peso es por el mal olor
Si en esto le sobraba la razón apestaban a perros muertos, pero eran patatas eso si
Entre la Casa Blanca y Son Ferriol Catalina dijo a mi madre:
Tía vamos a parar el autocar de línea y yo os pagare el billete, por entonces con una peseta Catalina pagaría los billetes. Así que nos sentemos algo separados de la carretera hasta que el autocar pasara.
¡Ya viene, exclamaría uno de nosotros!
El autocar correo se detuvo y la puerta se abrió, Miquel y yo subimos, pero al subir mi madre y Catalina el conductor les pregunto;
¿Qué lleváis en las bolsas?
Unas patatas
¡Patatas más bien parecen perros muertos, no con esto no podéis subir!
Niños bajar con vuestras madres. Patatas arranco el autocar y salió volando
Más valió así ya que mi prima le dio recuerdos para toda su santa familia sin conocerles Así que tuvimos que seguir andando y soportando las maldiciones por parte de mi prima
Habíamos dejado atrás Son Ferriol cuando un hombre montado en una bicicleta nos aviso que la pareja de la guardia civil venia hacia nosotros o sea que pronto los tendríamos a nuestra altura. No tardemos en escondernos debajo de un puente de una pequeña riera, alas horas seca Mi primo y yo éramos los encargados de vigilar su presencia y su alejamiento.

No tardaron en alejarse y bien seguro que aun cruzándonos con ellos no nos hubieran detenido ya que aquellas dichosas patatas apestaban como perros muertos. En la altura que Càn Blau nos separemos de mi prima y Miguel, ellos se dirigían al Molinar y mi madre y yo a Son Españolet unos siete u ocho kilómetros, así que teníamos patatas para rato.
No sé lo que aria Catalina con las suyas seguramente que las vendería a los gitanos si no todas gran parte de ellas le encantaba tener dinero a un que en sus manos d le duraba muy poco el juego de cartas le encantaba tanto a ella como a su gitano de turno, si Catalina era así.
Por nuestra parte aquellas pestosas patatas nos aliviaron unos días aun que muy pestosas y creerme, no muy sino que muchísimo más, la pobre de mi madre nos decía. Poneros una pinza en la nariz y llenad la barriga, lo malo que cada día quedaban menos.


Este día mi madre tenía que ir a lavar ropa, era en invierno si por este tiempo la solían llamar para media jornada para lavar ropa el agua cortaba las manos ya que las pilas de lavar solían estar en algún rincón del patio solo cubierto por arriba, así que los laterales estaban al descubierto, además las pilas eran de piedra y la ropa ya llevaba unos días en remojo. La pobre nunca se quejo de nada es más ella solo pensaba que al terminas se llevaría dos pesetas a su casa. Era de pequeña estatura así que le tenían que poner algún cajón para poder lavar mejor sin esforzarse, de hecho en casa ya lo tenía así. Además de dos pesetas a media mañana le llevaban un café con leche, pero café café y si le daban algo mas se lo metía en el bolsillo para sus pequeños ya que muchas veces salíamos a su encuentro. Que guapa y buena era mi madre joder.
Aquel día salí con un compañero si este era Juan Canovas sabía que con migo algo llevaríamos a casa. Era unos años mayor pero el tenia a su padre ya su madre así que nunca había tenido las dificultades como nosotros, es mas muchas fueron las veces que me dieron de comer, así que le daba reparo entrar a pedir, con migo sabia que sería yo el encargado de esta tarea.
Salimos temprano y esta vez con un buen café con leche que su madre nos había dado. Andando lleguemos al Còll dèn Rabassa don de hoy es el Continente y el Merca Palma por entonces era una posesión o caserío enorme con unos diez a quince hombres trabajando allí. Serian sobre las ocho cuando Juan y yo entremos para pedir algo para comer o llevarnos a casa.
¿Que queréis niños? Nos pregunto la madona
A ver si tiene algo para darnos para come
Nos miro de arriba abajo luego volvió a preguntarnos
¿Queréis comer moniatos hervidos?
¡Si, si ¡
Pues allí en el fuego ay una caldera llena comer los que queráis pero dejad alguno para los cerdos, a ellos también le gustan
Nos pusimos morados de moniatos pero al estar calientes nos enredábamos un montón así que la madona tuvo que intervenir y nos dijo
¿ Dejareis para los cerdos?
Siiiiii contestemos a dúo
Pues coged alguno para llevaros y marcharos aquí tenemos mucho trabajo
Y así lo hicimos salimos de aquellas casas para seguir nuestro camino, por allí había montones de huertos para entrar y pedir.
En aquellas horas solían sacar al borde del camino del huerto una jarra de leche recién ordeñada esta era recogida por camiones y llevada a la fabrica de lácteos
¡Mira Juan aquí ay leche!
Pues busquemos algo para beber un poco
Y así con un bote que por allí encontremos nos pusimos a beber de aquella leche recién ordeñada, aun estaba algo tibia.
A que día regresemos algo temprano a casa y Juan nunca más vino con migo ni con nadie ya no quería ir a mendigar mas, el motivo pues entre los moniatos y la buenísima leche recién ordeñada estuvo tres o cuatro días con una di arrea que no se podía mover del váter. Por mi pate ni me acordaba de la leche ni de los moniatos. Quien los pillara


Palma a 10/1/2008
Libertario

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